Humanidad en los tribunales

La persona que me acompañó la semana pasada a un juicio en la Audiencia Provincial, me dijo al salir de la sala que no sabía que los jueces eran tan humanos. Había asistido a una conformidad en la que mi defendido aceptó el acuerdo que habíamos alcanzado el fiscal y la defensa, y contempló cómo el magistrado explicaba detalladamente al acusado todos los pormenores y las consecuencias del convenio que estaba a punto de firmar. Es decir, el reconocimiento de unos hechos y la aceptación de una condena, que en este caso quedaba bastante reducida. El juez no se limitó a preguntarle si aceptaba el pacto y lo suscribía. Sino que conversó, se interesó, le asesoró, y lo trató como a una persona que estaba pasando un mal momento.

Esa humanidad debería estar siempre presente en los estrados. Los ciudadanos llegan allí con preocupación, desorientación e incertidumbre sobre lo que les va a ocurrir. Y el trato de los jueces, fiscales, secretarios y funcionarios debería ser correcto con ellos, como mínimo. Ya se trate de imputados, denunciados, acusados, denunciantes, testigos, demandantes o demandados. Porque las prisas, los retrasos o la acumulación de trabajo, no deben ser motivo para que el que está en una situación de superioridad trate descortésmente al que viene buscando justicia. Por eso, espero seguir encontrándome a jueces tan humanos.

El correo de Andalucía,23 de octubre 2006.

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