La pistola en la almohada

El crimen del celador o el robo en el chalet de Canals (Valencia) han planteado en la sociedad retomar la autodefensa como una solución a la inseguridad ciudadana. Y, tomando café en un bar, charlando con un taxista u oyendo las preguntas de los telespectadores en ciertos programas de televisión, se puede comprobar que hay muchos ciudadanos partidarios de tomar medidas extremas.

Pero frente a dichas propuestas, hay que advertir que tenemos un derecho penal muy duro, sobre todo a partir de la reforma del año 2003, y que hay que confiar en nuestro sistema judicial. Lo que habría que hacer es combatir la lentitud de la administración de justicia. Pero también aumentar la eficacia de los cuerpos de seguridad y contener la inmigración. Es decir, política.

Todo lo anterior es preferible a dormir con la pistola debajo de la almohada. Porque se podría aprovechar la circunstancia para liquidar a un enemigo o familiar, que hayan entrado en casa. O, incluso, a quien duerme a su lado. En definitiva, se incrementaría el número de muertes violentas. Además, hay veces en que los mismos agentes de policía hacen un mal uso de sus armas. ¿Qué pasaría cuando los no profesionales llevaran cartuchera? Por eso, creo que sólo se debe conceder licencia de armas no deportivas cuando concurra causa justificada. Como por ejemplo el haber sufrido amenazas graves para la integridad física o por razón del cargo. E, igualmente, deberían incrementarse los controles sobre las licencias para caza o tiro deportivo.

 

El Correo de Andalucia, 30 de enero de 2006.

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